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  • Sentencia de la Audiencia Provincial de Cádiz núm. 5/2018, de 16 enero:

Respecto del delito de homicidio podemos considerar como elementos objetivos, los siguientes:

1) Acción. La acción típica aparece configurada por el verbo “matar”, es decir, privar de vida a otra persona, tanto puede realizarse la acción en sentido estricto, siendo indiferente el medio o medios empleados (salvo que se trate de algunos de los constitutivos de asesinato), pudiendo ser violentos o no (disparos, puñaladas, veneno entre otros) o mediante una omisión (cuando el sujeto tenga un especifico deber de actuar, derivado de un mandato jurídico, que obliga a éste a garantizar la no producción del resultado injusto).

2) Sujeto activo y pasivo del delito. El sujeto activo del delito puede ser cualquier persona. Tampoco plantea problemas en los supuestos de sujeto pasivo único, puede serlo cualquier hombre vivo, aunque el homicidio del Rey y las demás personas que enumera el artículo 485 del Código Penal, o el de un Jefe de Estado extranjero (artículo 605 del Código Penal), constituyen delitos específicos. La propia muerte (suicidio) no es punible.

3) Relación de causalidad. Entre el acto del sujeto activo y el resultado debe mediar una conexión de manera que el resultado, la muerte, sea consecuencia del obrar del sujeto.

Como elementos subjetivos hemos de referirnos al dolo. El dolo supone conocimiento y voluntad de realizar el tipo penal, es decir, el sujeto activo realiza una acción dolosa cuando conoce y quiere la realización del tipo penal, en este caso, del homicidio, o bien, conforme a las teorías más modernas, es suficiente con afirmar que el sujeto conocía que realizaba una acción que generaba un peligro jurídicamente desaprobado que afectaba al objeto protegido (en este caso, la vida humana o bien que conoce los elementos del tipo objetivo), para concluir que el sujeto obra dolosamente.

 

Del “animus necandi”

El elemento esencial del delito de homicidio doloso es “el animus necandi” o intención de matar.

Naturalmente que la intención real del sujeto activo pertenece a su fuero interno. Si éste niega la intención de matar, ello no significa que el Tribunal no pueda condenar por delito de homicidio, pues el órgano jurisdiccional podrá deducir el “animus necandi” con criterios objetivos externos de la acción (la existencia de amenazas o simples resentimientos entre el autor y la victima), coetáneos a la acción (medios empleados para realizar la agresión, región del cuerpo afectada por la agresión) y posteriores a la acción misma (palabras o actitud del sujeto ante el resultado producido). De estos criterios, como más demostrativos de la verdadera intención del sujeto activo, el Tribunal Supremo ha considerado: la zona del cuerpo de la víctima atacada y el arma o instrumento empleado para el ataque con idoneidad bastante para producir el resultado letal.

La doctrina del Tribunal Supremo ha establecido como criterio unitario que dentro del dolo ha de entenderse comprendido no sólo el resultado directamente querido o necesariamente unido a él (dolo directo), sino también el representado como probable y sin embargo consentido (dolo eventual).

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